No sé si está bien lo que siento. Digo, tal vez simplemente estoy haciéndome ilusiones con
él. Quizás. Quizás no. ¿Debería realmente confesarle todo? ¡Ilusa yo, pensar en eso! O
puede ser una oportunidad que nunca más vuelva aparecer en mi vida. En nuestras vidas.
Es decir, que tal vez es cuestión de tiempo.
Eso espero.
Todos los días son como el éter y se desvanecen con el tiempo. En mi caso, soy como el
agua hirviendo en una tetera de metal. Voy cada vez más lento. ¿Qué le doy tantas vueltas
al mismo asunto? ¿Es acaso esto lógico? En todo caso, será...
Siempre supe que mostrarme a alguien sería difícil. Tempestad. Huracán. Es algo más
fuerte que yo. Eso duele...
¡Patética! Muero cada día un poco más desde que llegó. Sus ojos avellana y esa frescura
en su hablar. ¿Qué más podría pedir a la vida? ¡Absolutamente nada! ¡No! Ya sé... le
pediría, le pediría a una estrella, a los planetas, al universo que él me amará, porque vale la
pena soñar. Sólo eso. Soñar. Se fije en mí. Me siento absurda, abstracta, efímera. ¡Es
imposible! ¡Imposible! ¡No se va a fijar en alguien como yo! ¿Qué estoy pensando? Sólo me
veo y es terrible el escenario. Soy un manojo de nervios. Pálida. ¡Ay no! Es por eso que es
mucho más fácil descubrir las cicatrices de mi cuerpo. ¡Estúpida! Hace ya un mes que me
lesioné y no aprendo.
Ya me decía Ada que ahí no... pero yo, tonta seguía. Nunca en piernas ni brazos, siempre
por la cintura, entrepierna y nalgas. El dolor en todo el cuerpo es más llevadero que el dolor
que siento dentro.
De pronto desaparece todo, viene a rescatarme. Me saca de ese abismo. Me consuela, me
abraza con sus alas, acaricia, besa y luego... sólo puedo seguir soñando. Soñando que soy
feliz y que no deseo nada más en esta vida porque él es todo para mí. ¡Qué cosas digo! Soy
un cúmulo de estrés, ansiedad y depresión... ¡Vaya combinación! Ahora templada, peor que
cuerda de guitarra...
Creo que el rojo me hace ver más pálida...¡igual no importa! Funcionará. ¡Sí, sí funcionará!
¿No dicen que es el color del amor? La cuestión es... ¿rojo fuego o rojo sangre?
Simplemente rojo. Pero no con él. El amor tiene otro color. Dorado. Celestial-divino.
Brillante. De todos modos, el rojo será sólo para mis labios y el encaje sutil por debajo del
vestido. Espero que le guste. Me siento tan linda que no me lo creo...
Y.... ¿Cómo sabré que siente lo mismo por mí?¡Quizás no me quiera volver a ver! ¿Qué
hago? tendrá miedo al ver mis cicatrices...Mejor uso los jeans ajustaditos, esos, que
vuelven creyente a los escépticos. ¡No! mejor el vestido. Me encanta, es bellísimo y tiene un
toque súper romántico. ¡Que bien me queda! Eso creo...tiene un toque muy de niña, buena,
dulce. Todo lo contrario a lo que soy yo. El contraste es bueno, pero no queda el piercing en
mi nariz. Desentona.
Sería bueno que me lo quite...mejor lo guardo en la cartera. ¡Capaz piense que soy una
delincuente! Se le va a pasar...las medias de coquito lo distraen en un dos por tres.
Estilizan mis piernas blancas como la leche y los zapatos de charol negros son perfectos.
Creo que estoy lista y no creo que he exagerado con la diamantina. No parezco un
payaso... Eso es bueno.
Me agrada brillar aunque sea invisible para todos, excepto para Fernando. ¿Le gustará el
olor a vainilla de mi piel? ¡Es perfecta! Se perderá en ella y quedará embelesado.
Es hora. Treinta minutos para llegar. Manos temblando, corazón palpitando.
Llegó a la avenida. Estoy lista... ¡taxi! ¿Cuánto a las Orquídeas?
© Emilia Justiniani - CHICA PROZAC
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