Capitalino Boy

 Quiero dejarme corromper, porque no soy dueña de mi propio destino, la vida se me agota y quisiera verlo. 

Se lo dije hace mucho tiempo a Pillo. Decirle que muero por él. Desde aquella tarde de abril, aunque no le hubiera conocido y ahora recién desde hace dos meses sueño con tenerle, con tenerle entre mis brazos fuertemente, tocar esa melena. Perderme todas las noches con ella y escuchar el mar golpeando las olas cerca del malecón y robarme su amor. Tal vez sea sólo un sueño, sentir. 

Su calor, por vez primera y otra vez su melena. Todos los días envolverme con ella, incluso hasta ahogarme, confundir mis cabellos castaños y los suyos color rayito de sol. Esperanza para la vida que se nos escapa de las manos, ya que se acerca la muerte. Aquella que ahora está a punto de abrazarnos, porque ya no sé si volveré a verle. Cada semana es intermitente, es una espera tenue, efímera como frio que quema, sólo sé que al despertar quiero ver sus ojos en esa foto, el corte tan bello que tiene, la forma ondulada de sus pestañas que son unas ondas perfectas del mar en el cual algún día si tengo el valor suficiente, iré vestida de blanco y me hundiré como buena capitana. Lentamente hasta hallar las famosas caracolas marinas. Mercedes habla muchísimo de ellas y yo también quiero encontrarlas. 

Ahora sólo por el momento quiero contemplar su rostro, quiero entregarle mi vida a él, porque sueño por él. Es mi sueño y quiero tenerlo, al menos a la hora de dormir. De ese modo lo tendré de cierta forma, por el momento sólo lo imagino, lo anhelo, de una forma desenfrenada. No sabes cuánto sufro por ello. Masturbo mi alma pensándolo, embriagando mi mente con su recuerdo. Censuró cada mezcla de pinceladas de su aliento con el mío con las tazas de café en las mañanas, y ya descarto la idea de tener su sexo dentro con los insomnios que me genera cada madrugada. 

Me siento débil por eso y no quiero comer. Busco las tijeras que están en el botiquín, y procedo hacer tijeretazos. Me odio todo. Con tanto rencor. Todo lo que soy. No soy digna de él. Jamás lo seré. ¿Cómo podría fijarse en alguien como yo?¿En qué estaba pensando? Es alguien de mucho éxito. Aunque es igual que todos. Chico capitalino. Yo. Una flor. Silvestre. Soy joven, pero hay muchas más muchachas jóvenes en el mundo. ¿No? pero no habilidosas y eso sí, considero que es una virtud. De todos modos, arrancaré mi cabello, ya que muchos piensan que la belleza radica, al menos, en una mujer, en una frondosa cabellera…se van a la mierda. 

Yo pienso que no radica en realidad en eso, sino en la extensión de sus pensamientos, ideales y de su corazón, de su nobleza. Me odio. Me odio. Porque jamás se verá agarradito de la mano con alguien como yo. Me sigo cortando el cabello y ahora a tijeretazo limpio, sigo y sigo. Sangre. Sangre. Ahora solamente veo sangre. Ya no crecerá más. Me veo más horrible de lo que ya era. Procedo a limpiar. Todo el baño está repleto de gotas de sangre. Mis manos manchadas. Cuadro de un crimen perfecto. Esto parece una carnicería ¿Adivina quién es el puerco? ¡Pues yo! ¡Qué hago! ¿Sólo limpiar mi desastre? Mi cuerpo también es horrible y lo odio por igual. Tijeretazos, tijeretazo.

Limpiar. Cortar. Cortar. Me corto y duele más, pero funciona mejor que las rasuradoras, esas no cortan absolutamente nada. 

-¿Qué miras?- Lo sé, estoy gorda y me sigo viendo como puerca a pesar de que estuve sin comer durante 23 días. ¡Fíjate! ¡Ya lo sé! ¡Es poco! Ana siempre me lo reclama. Tengo que escucharla más seguido. Me odio. Me odio. Me odio. 

Que horrible que soy. Un desastre. La mayoría de personas no sabe que me siento así todo el día. Actualmente mis cicatrices ya no se notan tanto pero salen en otoño a florecer. ¿Por qué será? No lo sé…pero pensar en él, me reconforta. Pensar en que al querer verme bien para él, y que se ría de mis chistes malos y yo de los suyos, tal vez que él pueda llegar a quererme, quiera tocarme. Ser especial. Solo por un momento, me hace soñar. Quizá así, me pueda sentir un poquito amada. 

-¿Ahora qué?. Le extraño. ¡Vaya cojuda que resulte! Aunque esto sea por intervalos, al apagarse la pantalla, siento temor porque mi mundo también se vuelve negro, ya no siento calor porque el calor de la vida me lo da él, Pillo. Su cálida voz, su risa, sus ojos miel enjambre, sus anhelos, sueños, las anécdotas del día, los problemas de sus papás y todo lo que conlleva ser él. 

Me gustaría decirle todo esto y más. 

¡Basta!¿Qué mierda hago cada segundo queriéndolo y no es más que nada de lo que yo quiero? Es como cualquiera de los otros pero no como los otros. ¡Tendrá su talento pero es cortado con la misma tijera


                                                        © Emilia Justiniani -  CHICA PROZAC






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